Subsistimos olvidando aquello que nos daña, lo que nos revuelve y revienta las entrañas, en algún lugar recóndito de nuestra historia celular debe quedar escondido, oculto entre sombras y puertas impenetrables, así damos paso a la fuerza de la vida, la alegría que vence y siempre se queda, ocultando las más lóbregas penas, no podríamos sobrevivir de otra manera. El pesar pesa, tanto que nos para en el camino, que me quiere parar ahora, y vibro y lucho por recordar la mano que me tendió la amiga que nunca me soltó, el vino de mi cumpleaños con sus tres horas de siesta, los atardeceres en la playa, mis primeros encuentros con la cerveza, las canciones benditas de tus whatsapp, los puntos con las risas hasta altas horas de la mañana, levantarme en la casa de Conil y sonreir, sonreir, y esconder, esconder en lo más profundo la oscura bruma del que te abandona.
Y hoy, a pesar de tu regreso, del ansiado retorno del ser amado, a pesar del tercer vodka caramelizado que sostengo encima de mi mesa, se me ha abierto otra vez esa puerta funesta, la que me recuerda una vez más la mórbida traición de tu partida.
Subsistimos olvidando aquello que nos daña, no podríamos sobrevivir de otra manera.
...en otras palabras:
ResponderEliminar"Subsistimos abrazando la Mentira".
Esa subsistencia (o sub-existencia)
atufa a muerte en vida,
por muy 'conveniente' que sea.
Esa existencia, de espalda a la verdad,
ResponderEliminarsí es mórbida de veras...