Parte II
Olivia.
Caminaban despacio, respirando toda la esencia de la vida. Una luz permanecía anclada justo
delante de sus pasos, una luz siempre conocida que guiaba e iluminaba, abriendo nuevos caminos para transitar. Se fueron abriendo a la vida con esa explosiva felicidad que te colorea las mejillas, poniéndole orden a esta revolución inicial de trabajo, roces, casa y cariño.
Iban juntos a ver el mar, alejados de los ruidos y del bullicio del mundo, limpiaban el cielo y le daban de comer a las alondras. Abrazaban con fuerza sus manos sin dejar de sonreir, por esta fortuna de tenerse.
Así pasaron los meses y el hilo del tiempo fue tejiendo sus vidas en un pacto infinito, bajo cimientos firmes y sólidas paredes.
Y nos paramos al borde del camino, y sembraste canciones en mi vientre. Una semilla nueva cayó, en mi pequeña factoría de seres humanos, me untaste de grama y de amapola y ahora tengo dentro una parte de ti, irrigando mi útero y mi sangre.
Y me crece cada día este globo de algodón de azúcar que despierta amaneceres en mis manos. yo que nunca fui muy dada al vino, me veo borracha de primavera, ebria de flores y enredaderas. Mi cuerpo se ensancha, como tierra agradecida, acogiéndote en ese lugar secreto que sólo conocemos tú y yo.
Te arrullo con mi voz, con mis latidos...
OLIVIA,
pacificadora,
quien trae la paz
