Eras una niña atada a una ciudad.
A unos padres.
A un pupitre.
Una niña que empezó a hablar consigo misma.
Algo no iba bien.
No sé, el mundo, no iba bien.
Podridos de información.
Con toda esa cosa de la apariencia.
Tú querías alguien que te rescatara de ti misma.
Alguien que no opinara sobre vinos.
Que no hablara, por favor.
¿Cuánto ruido podemos soportar?
Solo querías quedarte con la boca abierta.
Y que un brazo entrara en ti hasta el corazón.
Lo agarrara y lo estrujara, haciéndolo latir de nuevo.
Alguien que marcara a veces el paso, para descansar.
Durante un tiempo, pareció, que fue así.
Pero eras un fantasma.
Eras tú, pero no eras tú.
Eras tú siendo lo que la persona que tenía tu corazón en la mano quería que hicieras.
Porque si sacaba el brazo.
Te morías.
Un tiempo.
Y luego, la frialdad.
El brazo helado recorriéndote cada noche la garganta.
Tengo frío.
Nada.
Se fue.
Y no tuvo nada que ver con tus pechos o tus labios.
No sé, se fue, no iba bien.
Y te quedaste inmóvil.
Tú eras una niña.
Y hablabas contigo misma.
¿Cómo se puede alguien cansar de un cuerpo?
Si nunca somos los mismos.
¿Cómo puede alguien hartarse del futuro?
Si no ha sucedido todavía.
¿Qué hay de malo en mí?
Si yo soy oscura pero buena.
Llevas tiempo anidando algo.
Maltratando el cuerpecito que tu madre formó en su útero.
No, no hay nada malo en ti.
Tú solo amaste pensando que te iban amar.
Para siempre.
A ti te hubieran hecho falta mil vidas más.
Para saber si la cara se le habría vuelto angulosa.
Si se habría emocionado con la llegada del hombre a Marte.
Si te habría traído un caldo cuando murió tu padre.
Si habría usado pantalones pitillo.
Te quedaste preñada de condicionales.
Temblando.
Porque sientes que te faltó tiempo.
Tiempo para que te conociera de verdad.
Esto no puede tener que ver con encontrar a alguien más joven.
Ni con la belleza.
Esto es lo opuesto a la belleza.
Es arrugarse, es irse muriendo.
Con alguien que quieres.
Esto es que conozcan toda tu ternura.
Toda tu incoherencia.
Toda esa locura.
Y esa bondad.
Esto es el amor.
Todo ese amor que te merecías.
Un largo tiempo.
Junto a alguien.
Que al final.
Hablara solo bien de ti.
Y de todo ese viento.
Que fuiste capaz de provocar.
Roy Galán



